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Saturar el espacio vacío

Fotografía de una de las esculturas que Fernando Botero exhibió en el atrio del Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México. 

 

El Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México es indudablemente la catedral de la cultura de este continente. Es emblemática su arquitectura, imponente la bóveda cupular que acaricia los cielos opacos de la metrópoli. Su portal de trascendencia casi espiritual, con el retablo en relieve de una divinidad casi artística. Ya en sus adentros, el mármol y las barandillas de sus escalinatas brindan asombro por su elegancia equilibrada entre el espacio y los cuerpos materiales que conforman su sala de recepción y los accesos a sus foros. 

Un sinnúmero de artistas de todas las disciplinas se ha dado cita bajo el arco monumental y entre los pilares del recinto. De apariencia afrancesada, no causa desentono con el resto del centro histórico que brilla por su hispanidad y también por su arquitectura árabe transmitida por los peninsulares. En cambio, se muestra como una cereza del pastel hispano reluciendo tras su atrio, que también es corredor, descansería para los paseantes de la alameda central y sala de exhibiciones cuando esculturas colosales asombran a los peatones. 

El Palacio de Bellas Artes es el recinto que alberga toda la imaginación y la estética humana. Es museo también, y lo es por igual su atrio. La memoria recoge, envuelta en el reciente luto de las artes, el montaje de las esculturas de proporciones celestiales que Fernando Botero realizó en esta explanada de los ensueños humanos. Saturando el espacio vacío del atrio con sus creaciones voluminosas y repletas.  

“La idea general de la belleza considera que las mujeres deben ser delgadas, pero entonces llega un artista que produce una dilatación de la forma y dicen que pinta mujeres gordas. Mi estilo proviene de la convicción de que la voluptuosidad de la forma es motivo de gozo” -decía Botero. 

Conversando con Carlos Fuentes, el artista de la dilatación de las proporciones humanas aseguró que pretendía llenar el espacio vacío con los cuerpos. Porque las formas recubiertas de piel rinden homenaje a lo que según la mayoría no debería ser.  

De manera que Fernando Botero es también un rebelde de la estética humana. Pone en entredicho el statu quo de lo que entendemos por belleza y muestra la sensualidad de los volúmenes corporales enormes y envolventes. 

El Palacio de Bellas Artes es un museo por dentro y por fuera. Desde 1968 las salas de exhibición del Palacio como Museo del Palacio de Bellas Artes, fue el primer espacio dedicado a las artes plásticas, fue sin duda el origen del sistema de museos de arte en México.  

Desde entonces, este recinto se ha esmerado por constituir la principal plataforma de exhibición de artistas nacionales e internacionales. Diecisiete obras murales de siete artistas nacionales realizadas entre 1928 y 1963 conforman la exhibición permanente del Museo del Palacio de Bellas Artes, el cual también mantiene un intenso programa de exposiciones temporales. 

La ciudad de los palacios no se entiende sin su principal exponente, símbolo de la magnificencia que representa el arte en la conciencia humana. 

 

 

 

Eduardo Pineda 

eptribuna@gmail.com

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