No image

La magia de las novelas cortas

Uno de los argumentos para justificar la falta de lectura de libros es que muchos son muy extensos y requieren de mucho tiempo y atención. 

Quizá sea válida esta “justificante”, pero más bien se trata de un pretexto, ya que por dondequiera que se vea, leer no es sólo atractivo, sino además instructivo e ilustrativo.  

Es atractivo porque más de un libro nos hace evadirnos de la realidad y disfrutar de mundos diferentes que de otro modo nunca conoceríamos. Caso concreto, “Don Quijote de la Mancha”, que nos lleva a un mundo ficticio de caballeros andantes; o las narraciones de ciencia ficción, que nos trasladan a mundos ajenos al nuestro y nos hacen viajar con la imaginación.  Con razón la poetisa norteamericana Emily Dickinson (1830-1896) afirmaba: “No hay mejor fragata que un libro para llevarnos a tierras lejanas.” 

Es también instructivo, porque vía los modelos de vida de los personajes, o a través de sus aseveraciones, aprendemos a vivir y a convivir mejor. 

Y leer resulta, además, ilustrativo porque los autores, cuyas vidas están reflejadas en sus obras, nos legan sus experiencias. No hace falta ir a una guerra para saber lo cruda que puede ser. Basta leer, por ejemplo, “Sin novedad en el frente”, del alemán Erich María Remarque, para horrorizarse ante este atroz “invento” humano. 

Pero si no se pueden leer obras extensas, les propongo a los lectores una selecta lista de excelentes novelas cortas que se leen cada una en apenas un par de horas, y así no habrá pretexto para no leer en este 2022. Hela aquí: 

  1. En primerísimo lugar, las “Novelas ejemplares”, de Miguel de Cervantes Saavedra, llamadas precisamente ejemplares porque el autor se propuso transmitir en ellas “ejemplos” morales. Son un deleite.
  2. “La metamorfosis”, de Franz Kafka (cuyo verdadero título en alemán es “La transformación”), la cual trata de un individuo que una mañana se despierta y se descubre convertido en un asqueroso bicho. Novela surrealista, interpretada como reflejo de la sociedad que no comprende al individuo. 
  3. “El viejo y el mar”, de Ernest Hemingway, acerca de un viejo pescador cubano que lleva 84 días en alta mar y no puede pescar nada, hasta que a fuerza de voluntad pesca un enorme ejemplar. Lamentablemente, al arrastrarlo hacia la playa, se lo comen los tiburones. Pero el viejo se queda con la satisfacción de haber logrado su pesca. Conocida es la frase emblemática de esta pequeña obra: “El hombre no está hecho para la derrota. El hombre puede ser destruido, pero jamás derrotado.” 
  4. “El coronel no tiene quien le escriba”, de Gabriel García Márquez, quien la consideraba su mejor obra, dada su virtud sintética. Es la historia de un coronel jubilado que espera y espera cada día por el correo a ver si le llega su pensión. En alguna parte alguien, al ver la desesperanza del coronel, le pregunta al cartero: “¿Nada para el coronel?” Y el cartero responde: “El coronel no tiene quien le escriba”.
  5. “Los cachorros”, de Mario Vargas Llosa, novelita que se lee de un tirón en poco más de una hora y que trata de la vida de un niño que es castrado por una perra en un colegio militar. En esta obra de juventud Vargas Llosa demuestra ya sus dotes estilísticas que lo harían famoso.
  6. “Aura”, novela corta fantasmagórica de Carlos Fuentes acerca de un historiador, Felipe Montero, quien es contratado por una anciana para que concluya las memorias de su esposo fallecido, el general Llorente. La condición es que debe vivir en la vieja casa, donde se desatarán fantasmagorías y misterios. 
  7. “Las batallas en el desierto”, de José Emilio Pacheco, redactada en forma de memorias de un niño que recuerda su amistad con un amigo de la primaria y el despertar amoroso que tiene al enamorarse de la madre de éste. Es a la vez una crónica nostálgica de la ciudad de México de los años cincuenta. Una pequeña obra maestra. 

 

La anterior es sólo una pequeña lista de muchas novelas cortas que son obras maestras por el reto que su brevedad implicó para sus autores.  

Y considero que con esta lista ya no habrá pretexto para no querer leer, o seguir diciendo que no leemos porque los libros son extensos. 

 

Miguel Campos Ramos 

camposramos@outlook.es

Compartir

Leave us a reply